

La inteligencia intrapersonal
consiste, según la definición de Howard Gardner, en el conjunto de capacidades
que nos permiten formar un modelo preciso y verídico de nosotros mismos, así
como utilizar dicho modelo para desenvolvernos de manera eficiente en la vida.
Salovey y Mayer, los primeros en
formular el concepto de inteligencia emocional, definen cinco grandes
capacidades propias de la inteligencia emocional, de las que tres se
corresponden a la inteligencia intrapersonal. Las tres capacidades en las que
se fundamenta la inteligencia intrapersonal son las siguientes:
La capacidad de percibir las propias emociones
La capacidad de percibir las propias emociones
La capacidad
de controlar las propias emociones
La capacidad
de motivarse a uno mismo
Según
todos los indicios, las inteligencias personales surgen muy pronto quien sabe
si incluso en la vida prenatal. La vinculación entre él bebe y la persona que
cuida de él va mucho más allá de una dependencia física. De la misma manera que
otras inteligencias y sus signos, las inteligencias emocionales expresan
señales significativas para todas las culturas. Risa, bienestar, incomodidad y
llanto son símbolos universales.
Estudios
de los expertos rusos Lev Vygostky y Alexander Luria muestran situaciones de
autodescubrimiento expresivo basadas en la relación entre niños. Dicho de otro
modo:
·
Descubrimiento del “yo” comienza con el
descubrimiento del “otro”. Se consolida
claramente hacia el inicio de la escolaridad y se acentúa desde los cinco hasta
los doce años de edad.
En
esta fase, se estructura el concepto de “Felicidad” o ”Infelicidad” y el ser
humano descubre que es tristemente “tener todo” (materialmente) o “ no tener
nada” (socialmente).
·
Con la Adolescencia, los jóvenes muestran una
sensibilidad más aguda ante motivaciones para el estímulo de esas inteligencias.
·
El adolecente busca amigos que valoren y
sienten que las reglas o leyes sociales son instrumentos indispensables para el
mundo comunitario.
El
estímulo de esas inteligencias se altera en la familia y en la escuela. La
presencia “entera” del padre y de la madre en una relación con el hijo vale más
que una presencia de muchas horas. El niño quiere ser descubierto en cada
instante, y es imprescindible compartir esos momentos juntos.
John Gottman y Joan de Claire generalizan en “cinco pasos fundamentales de la preparación emocional”.
1. Distingan
las emociones del niño y le ayuden a identificarlas.
2. Reconozcan
la emoción como una oportunidad mejor de descubrimiento y transmisión de
experiencias.
3. Legitimen
los sentimientos del niño con empatía.
4. Ayuden
a los hijos a nombrar y verbalizar sus estados emocionales.
5. Muestren
límites y propongan vías para que el niño, por sus propios medios, resuelva sus
problemas emocionales.
(Gottman J. y
De Claire, 1997)
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