domingo, 15 de septiembre de 2013

Inteligencia Intrapersonal





 
 
 
 
 
 
 

La inteligencia intrapersonal consiste, según la definición de Howard Gardner, en el conjunto de capacidades que nos permiten formar un modelo preciso y verídico de nosotros mismos, así como utilizar dicho modelo para desenvolvernos de manera eficiente en la vida.

Salovey y Mayer, los primeros en formular el concepto de inteligencia emocional, definen cinco grandes capacidades propias de la inteligencia emocional, de las que tres se corresponden a la inteligencia intrapersonal. Las tres capacidades en las que se fundamenta la inteligencia intrapersonal son las siguientes:

La capacidad de percibir las propias emociones

La capacidad de controlar las propias emociones

La capacidad de motivarse a uno mismo

Según todos los indicios, las inteligencias personales surgen muy pronto quien sabe si incluso en la vida prenatal. La vinculación entre él bebe y la persona que cuida de él va mucho más allá de una dependencia física. De la misma manera que otras inteligencias y sus signos, las inteligencias emocionales expresan señales significativas para todas las culturas. Risa, bienestar, incomodidad y llanto son símbolos universales.

Estudios de los expertos rusos Lev Vygostky y Alexander Luria muestran situaciones de autodescubrimiento expresivo basadas en la relación entre niños. Dicho de otro modo:

·         Descubrimiento del “yo” comienza con el descubrimiento del “otro”.  Se consolida claramente hacia el inicio de la escolaridad y se acentúa desde los cinco hasta los doce años de edad.

En esta fase, se estructura el concepto de “Felicidad” o ”Infelicidad” y el ser humano descubre que es tristemente “tener todo” (materialmente) o “ no tener nada” (socialmente).


·         Con la Adolescencia, los jóvenes muestran una sensibilidad más aguda ante motivaciones para el estímulo de esas inteligencias.

·         El adolecente busca amigos que valoren y sienten que las reglas o leyes sociales son instrumentos indispensables para el mundo comunitario.

El estímulo de esas inteligencias se altera en la familia y en la escuela. La presencia “entera” del padre y de la madre en una relación con el hijo vale más que una presencia de muchas horas. El niño quiere ser descubierto en cada instante, y es imprescindible compartir esos momentos juntos.

John Gottman y Joan de Claire generalizan en “cinco pasos fundamentales de la preparación emocional”.

1.    Distingan las emociones del niño y le ayuden a identificarlas.

2.    Reconozcan la emoción como una oportunidad mejor de descubrimiento y transmisión de experiencias.

3.    Legitimen los sentimientos del niño con empatía.

4.    Ayuden a los hijos a nombrar y verbalizar sus estados emocionales.

5.    Muestren límites y propongan vías para que el niño, por sus propios medios, resuelva sus problemas emocionales.
 (Gottman J. y De Claire, 1997)


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